Adicciones comportamentales y redes sociales
El caso judicial contra Meta vuelve a plantear una cuestión que desde la práctica clínica llevamos tiempo observando: las adicciones ya no se limitan a las sustancias.
El proceso judicial iniciado en California, en el que una coalición de estados de Estados Unidos acusó a Meta de haber diseñado Instagram y Facebook con funciones que pueden favorecer el uso compulsivo entre menores, ha situado en el centro del debate una cuestión especialmente relevante: el diseño del entorno digital y su relación con las conductas adictivas.
El juicio comenzó en agosto de 2026 y, el 26 de agosto, el fiscal general de California anunció un acuerdo propuesto con Meta, todavía pendiente de aprobación judicial. El acuerdo incluye medidas como límites de tiempo de uso para los menores, bloqueo nocturno, restricciones de notificaciones, herramientas de supervisión parental y una opción de feed no personalizado para los menores de 18 años.
Consulta el comunicado oficial de la Fiscalía General de California sobre el acuerdo con Meta.
Más allá del resultado judicial y de las medidas que finalmente se aprueben, existe una cuestión que merece nuestra atención como profesionales:
¿Estamos preparados para evaluar e intervenir ante nuevas formas de conducta adictiva?
El aumento de las adicciones comportamentales
Las adicciones comportamentales han adquirido una relevancia creciente en el ámbito de la salud mental. El Plan Nacional sobre Drogas estudia específicamente conductas como el juego con dinero, el uso problemático de internet, los videojuegos y la pornografía, e incorpora también datos sobre las admisiones a tratamiento por adicciones comportamentales.
Además, el indicador de admisiones a tratamiento permite analizar la evolución de estas conductas y las personas que acceden a tratamiento por este motivo.
Consulta el Informe sobre Adicciones Comportamentales de la OEDA.
Esto supone un cambio importante en la práctica clínica.
Ya no basta con preguntar por el consumo de sustancias.
También es necesario explorar diferentes aspectos relacionados con la conducta y su impacto en la vida de la persona:
- El uso de redes sociales e internet.
- Los patrones de conexión y desconexión.
- La pérdida de control sobre la conducta.
- El impacto sobre el sueño, los estudios y las relaciones.
- La función que cumple la conducta para la persona.
- Los factores de vulnerabilidad y riesgo.
¿Puede el entorno digital favorecer conductas adictivas?
Pero hay otro elemento que merece especial atención: el propio funcionamiento de las plataformas digitales.
Los algoritmos están diseñados para personalizar los contenidos y mantener la atención del usuario, seleccionando y mostrando información en función de sus interacciones y comportamientos. Este funcionamiento puede generar dinámicas de exposición continua y reforzar determinados patrones de uso.
Precisamente, una parte de las acusaciones formuladas contra Meta se centra en el diseño de determinadas funciones de Facebook e Instagram y en su posible impacto sobre el uso de estas plataformas por parte de los menores.
El acuerdo propuesto en California incluye, entre otras medidas, la posibilidad de que los menores de 18 años puedan utilizar un feed no personalizado, es decir, un feed que no utilice algoritmos para seleccionar contenidos con el objetivo de mantenerlos navegando de manera continuada.
¿Por qué algunas personas desarrollan un uso problemático y otras no?
Esta es una de las cuestiones más relevantes desde la perspectiva clínica.
No todas las personas expuestas al mismo entorno digital desarrollan un uso problemático. Por eso, además de analizar el comportamiento observable, resulta fundamental comprender qué características del entorno interactúan con los factores de vulnerabilidad de cada persona.
La pérdida de control no ocurre en el vacío.
Existe una interacción entre la persona, sus circunstancias, sus necesidades emocionales y el entorno digital en el que se desarrolla la conducta.
Adicciones comportamentales en adolescentes: la importancia de la prevención
Especialmente en adolescentes, el entorno digital no es un elemento externo: forma parte de su vida cotidiana.
Las redes sociales, los videojuegos, internet y otras plataformas digitales forman parte de sus relaciones, su comunicación, su ocio y la construcción de su identidad. Por ello, detectar cuándo un uso cotidiano empieza a convertirse en un patrón problemático requiere valorar mucho más que el número de horas de conexión.
Desde la intervención clínica es especialmente importante observar aspectos como la pérdida de control, la interferencia en otras áreas de la vida, el malestar cuando no se puede acceder a la conducta y la función que esta cumple para el adolescente.
Por tanto, el tiempo de uso es solo una parte de la información que debemos valorar. También es necesario comprender cómo utiliza la persona estas herramientas, qué busca en esta conducta y qué impacto tiene en su vida cotidiana.
Del consumo de sustancias a las nuevas conductas adictivas
La evolución de las adicciones comportamentales plantea la necesidad de ampliar la evaluación clínica.
Esto no significa considerar que el uso de las redes sociales, internet o los videojuegos sea necesariamente una adicción. La mayoría de las personas utilizan estas herramientas sin desarrollar un patrón problemático.
La cuestión clínica aparece cuando existe una pérdida significativa de control y la conducta comienza a generar consecuencias negativas o interferencias relevantes en diferentes áreas de la vida.
Por eso, evaluar únicamente el tiempo de uso puede resultar insuficiente. Es necesario comprender qué función cumple la conducta, qué factores pueden estar manteniéndola y qué consecuencias está teniendo para la persona.
¿Cómo detectar y tratar las nuevas formas de adicción?
El debate sobre Meta no debería llevarnos únicamente a preguntarnos quién tiene la responsabilidad.
También debería hacernos reflexionar sobre cómo están diseñados estos entornos, cómo determinadas personas pueden quedar atrapadas en ellos y cómo podemos detectar, prevenir y tratar estas nuevas formas de adicción.
La intervención clínica necesita incorporar esta nueva realidad y prestar atención tanto a los factores individuales como al contexto digital en el que se desarrolla la conducta.
Esto implica mejorar la detección, ampliar la evaluación de las conductas adictivas y desarrollar estrategias de prevención e intervención adaptadas a las nuevas formas de relación con la tecnología.
El modelo adictivo está cambiando
Las adicciones comportamentales representan uno de los nuevos retos para la prevención y la intervención en salud mental.
Las sustancias siguen siendo una parte fundamental del abordaje de las adicciones, pero ya no son el único ámbito que debemos explorar.
Porque el modelo adictivo está cambiando.
Y la intervención clínica también tiene que hacerlo.